París, por varias razones, nos deparó un día de lo más excitante. En primer lugar, resaltar el pedazo de hotel en el que nos alojamos, un hotel de diseño en frente mismo de la Tour Eiffel, con una bañera en la que cabíamos los tres, ¡una piscina, vaya! Es la primera vez que dormimos en un hotel durante el viaje, así que imaginaros cómo lo disfrutamos. Otro de los momentos excitantes fue cuando nos encontramos debajo del amasijo de hierro tan conmovedor, aunque eso sí, demasiado turístico, todo muy caro. Allí nos encontramos con varios seguidores del equipo de rugby francés, que jugaban la final con Inglaterra. Después dimos un largo paseo por el río Sena, aunque parezca un poco romántico, pero es que aquí todo lo que hagas queda muy bonito, ¡ya sabéis!...
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